Varios / Artículos Ejecutiva

Mi reflexión en alto sobre la crisis política en Cataluña.

Mi reflexión en alto sobre la crisis política en Cataluña

7 de Octubre de 2017 Leído 116 veces

*** Artículo escrito por Daniel de la Rosa, secretario general de la Agrupación Municipal del PSOE en Burgos, para el periódico digital www.burgosconecta.es



Háganse estas dos preguntas: ¿Cómo hemos llegado a este punto con Cataluña? y llegados a este punto ¿Qué es lo que procede hacer ahora para evitar el desastre? Supongo que no seré el único que desde cualquier localidad española se lo ha preguntado estos días, atendiendo a lo que está pasando allí y a como está afectando al resto del Estado.



Respecto al por qué hemos llegado a este punto, debo reconoceros que tengo una respuesta desde hace demasiado tiempo, todo el tiempo que llevan los secesionistas catalanes retroalimentándose de la posición del Partido Popular al frente del Gobierno de España.

Todo empezó hace algo más de diez años, con el grave error que cometió un Partido Popular entonces en la oposición, recurriendo el nuevo estatuto de autonomía de Cataluña. Entonces, con la aprobación del estatuto en marzo de 2006, se consiguió un acuerdo político entre la Generalitat y el Gobierno de España que ratificó el Congreso de los Diputados y que renovaba el encaje de esta autonomía dentro del Estado español para toda una nueva generación.

El tijeretazo que supuso la sentencia del Tribunal Constitucional (respetable, pero a mi juicio muy desafortunada) a una ley refrendada en un referéndum (legal) por el pueblo catalán, supuso la primera chispa del incendio independentista que se ha venido extendiendo hasta nuestros días. Fue un error político de bulto que está trayendo graves consecuencias y que es reconocido incluso por ex ministros del Partido Popular, como el diputado Manuel Gª Margallo, que hace justo un mes en una entrevista a un medio de comunicación subrayó que el recurso “fue excesivo y la recogida de firmas petitorias que realizó el PP otro error”.

Desde entonces la posición del Partido Popular, más agravada si cabe desde el Gobierno, ha consistido en una total ausencia de relación con la Generalitat, desechando de forma continuada cualquier posibilidad de diálogo con las diferentes reivindicaciones que se le derivaban desde Cataluña. De aquellos barros, estos lodos.

Desde el otro lado, primero Más y ahora Puigdemont, han venido desafiando todos estos años no solo al Gobierno de España, sino al Estado de Derecho. Lo han hecho con premeditación y alevosía, hasta cometer graves ilegalidades como la consulta realizada hace tres años y ahora con la aprobación de la ley de transitoriedad catalana y la convocatoria de un referéndum inconstitucional.

La pasividad de Rajoy para hacer frente a este desafío, su atrincheramiento desde la Moncloa, el haber estado años rehuyendo la política escudándose en los jueces y con el único argumento de la legalidad, unido a la desfachatez con la que Puigdemont y sus socios han actuado y están actuando, alentando a la sociedad catalana contra cualquier otra persona que no piense como ellos, contra las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y promoviendo la persecución hacia aquellos responsables políticos que defienden el Estado de Derecho, nos lleva a una situación de extrema gravedad institucional y social, especialmente en Cataluña, pero también en el resto de España.

Contestada la primera de las preguntas, para encontrar una respuesta a la segunda hay que analizar la urgencia de la situación en la que nos encontramos ante una posible declaración unilateral de independencia del parlamento de Cataluña el lunes o el martes de la próxima semana.

Personalmente sigo creyendo en la política como el único instrumento con el que alcanzar acuerdos para resolver conflictos sociales, pero también soy de los que defiendo que el diálogo y el acuerdo político tiene que producirse siempre dentro de la legalidad. Por ello, lo primero que se le ha de exigir al Gobierno de Cataluña y a las formaciones políticas que lo sustentan, es que desconvoquen el Pleno previsto para el lunes (un pleno declarado ya ilegal ya no solo por los letrados del propio Parlament, sino por el Tribunal Constitucional ante el recurso interpuesto por el PSC) y renuncien expresamente a la declaración unilateral de independencia.

Puigdemont, igual que le ha ocurrido a Más, se verá las caras con la justicia por las ilegalidades que ya ha cometido, pero ahora, aún como Presidente de la Generalitat y principal artífice de lo acontecido estos días en Cataluña, debe rectificar. Solo así se podrá reconducir la situación desde la política y de acuerdo al marco normativo que nos hemos dado entre todos, sin tener que recurrir a otros instrumentos que pudieran agravar aún más si cabe el conflicto.

Sería irresponsable no situarse en el escenario de una declaración unilateral de independencia, pero también lo sería descartar que podamos conseguir evitarlo. Cada día que pasa se comprueba que la balanza va sumando argumentos a aquellos que defendemos el Estado de Derecho y se los va restando a los secesionistas. Es por esto que cobra muchísima relevancia los pasos que se vayan dando estos días.

Por otro lado, me llama poderosamente la atención algunos comentarios que se han producido esta semana sobre la posición que está adoptando mi partido, el Partido Socialista, con esta crisis. Algunos nos acusan de lanzar mensajes difusos, poco contundentes, e incluso desleales. Pero repasando la posición que ha venido mantenido la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, no cabe duda que siempre ha estado y estará en la defensa del Estado de Derecho, de la Constitución y de las Leyes, y lo estará también en defensa de aquellos que suponen la salvaguarda de nuestra democracia y nuestras libertades públicas como son los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Nuestra lealtad lo es también con los millones de españoles que confían en el PSOE, no solo como lo que es y ha sido siempre: el mayor instrumento de transformación social de nuestro país, sino como el canalizador político de sus valores, ideales y principios. En la defensa de estos principios y valores no podemos sino denunciar que el Gobierno del Partido Popular, tal y como ya he comentado, ha cometido serios errores. Los cometió también el pasado domingo a través de un operativo que no pudo evitar la votación en el referéndum ilegal y que dejó a la Guardia Civil y la Policía Nacional a los pies de los caballos.

El pasado miércoles escuché en un programa de radio al portavoz del Sindicato Unificado de Guardias Civiles señalando públicamente estos mismos errores. Porque más allá de la desobediencia o deslealtad de algunos Mossos d’Esquadra, el escenario que se produjo a posteriori y que tuvieron que asumir casi en exclusiva la policía nacional y la guardia civil, desencadenó en una serie de incidentes que agravaron el conflicto, que todos hubiéramos deseado haber evitado y que ha provocado la crítica de la comunidad internacional sobre cómo se había actuado para intentar impedir la votación, críticas que llegaron incluso de la Comisión Europea.

Por lo tanto, el PSOE hizo bien en criticar al Gobierno como responsable de dichos incidentes, lo cual es perfectamente compatible con apoyar a las instituciones del Estado ante el desafío secesionista en Cataluña. No cabe tampoco ninguna duda que la exigencia del PSOE con el Gobierno del PP será que ante las decisiones que deba afrontar actúe con proporcionalidad, con inteligencia política y evitando en la medida de lo posible agravar aún más el conflicto.

Los socialistas seguiremos apelando al diálogo y al acuerdo dentro de la legalidad, porque es la única forma de encontrar una solución. Y necesariamente de ese diálogo deben participar los protagonistas que nos han llevado a esta situación: las formaciones independentistas catalanas que sustentan al Gobierno de la Generalitat y el Partido Popular.

Soy de la firme opinión que después de casi 40 años, nuestro marco de convivencia se puede y se debe cambiar. Creo sinceramente que debemos afrontar una reforma constitucional para renovar entre otras muchas cosas las relaciones entre el Estado y las distintas comunidades autónomas, revisar nuestro modelo de Estado y de Gobierno y por supuesto afrontar un nuevo estatuto de autonomía de Cataluña con el que la mayoría de los catalanes encuentren su encaje dentro de España. Parece inevitable pues que al final, de un modo u otro, estemos abocados a unas nuevas elecciones o a uno o dos referéndums (legales) para que entre todos los españoles renovemos ese marco de convivencia y para que los catalanes renueven también el suyo.

Pero antes debemos hacernos una última pregunta ¿Queremos o no queremos que la mayoría de los catalanes quieran permanecer dentro del Estado español? Si no queremos, entonces sigamos animando a Rajoy y Puigdemont a que sigan como hasta ahora: uno escudándose exclusivamente en el cumplimiento de la legalidad y desterrando para siempre la política, y el otro desafiando al Estado de Derecho, incumpliendo la ley, y tolerando persecuciones políticas.

En cambio si lo que queremos es que la mayoría de los catalanes se identifiquen también con el Estado español, tendremos que asumir que debemos recuperar la política, el diálogo y el acuerdo hasta encontrar una solución. Eso sí, un diálogo y un acuerdo político que en todo caso debe producirse dentro de la legalidad.



Daniel de la Rosa Villahoz

Secretario General de la Agrupación Municipal del PSOE en Burgos



***Artículo redactado el jueves 5 de octubre de 2017